Franco Werika

Franco Werika

Franco Werika

Since I was a kid I liked drawing. I never was a popular kid at school and it was very hard for me to fit in. I always needed glasses but I didn’t like using them, they bothered me and so did contact lenses because they dried up when I was playing sports. In an effort to fit in I sat at the back in the classroom. I never took notes because I couldn’t see the blackboard. Because of this I spent my time drawing, immersed in my own reality.

I never took painting or drawing classes. I studied International Relations and I specialized in culture and cultural management. I opened a business in Tulum focused in indigenous art but I had to close it due to the pandemic.

A little before that I made my first mural. But it wasn’t until the pandemic was over that I moved into Puerto Morelos with my wife and things changed. Without knowing what I was going to do for living, I entered in a mural open call in Playa del Carmen, “Pinceladas para Entendernos” , organised by Mvngata Beach bar and Residential Complex Selvamar. It was my third mural.

I entered without any aspiration of winning, it was my last chance of working from art because I was ready to get into other things. Some fellow artists taught me how to paint murals during the event. Their advice gave so much fruit that I ended up earning first place. From that point, little by little and with patience I have been developing my career. I never thought muralism was going to be my thing, but painting in general has always been my dream.

My artistic style enters in telling stories full of mystical characters and oneiric landscapes. My work  aims to represent a voice of hope to the current global situation, inspiring more organic relationships between cultures, nature and the modern era.

Español

Desde pequeño siempre me gustó dibujar. Nunca fui un niño popular en ninguna de las escuelas a las que asistí, y me costó mucho trabajo encajar. Siempre he tenido problemas de visión, pero no me gustaba usar lentes rígidos porque me molestaban, y los de contacto se me secaban por el deporte que practicaba. Por ende, para “encajar”, me sentaba hasta atrás del salón, y nunca tomaba apuntes por no poder ver el pizarrón. Esto acentuó que dibujara sin parar, solo por estar inmerso en mi propia realidad. 
Nunca tomé clases de dibujo o pintura, estudié Relaciones Internacionales, y me especialicé en cultura y gestión cultural.

Abrí un negocio de arte indígena en Tulum después de la carrera, pero tuve que cerrar cuando cayó la pandemia. Poco antes de cerrar realicé mi primer mural. Pero fue hasta que terminó la cuarentena que me mudé con mi esposa a Puerto Morelos y las cosas cambiaron. Sin saber a qué me iba a dedicar, entré en el concurso de muralismo Pinceladas para Entendernos, organizado por Mvngata Beach Bar y Complejo Residencial Selvamar, en Playa del Carmen. Era mi tercer mural. Sin ninguna ilusión de ganar participé, pero era mi última oportunidad antes de dedicarme a cualquier otro trabajo. Algunos artistas básicamente me enseñaron a pintar murales durante el concurso. Y sus consejos rindieron tantos frutos, que gané el premio al primer lugar. A partir de este punto, poco a poco y con paciencia he desarrollado mi carrera. No pensé que el muralismo fuera a ser mi vocación, pero pintar en general siempre fue mi sueño.

Mi estilo artístico se concentra en contar historias cargadas de personajes místicos y escenarios oníricos. Mi trabajo busca representar un grito de esperanza a la situación actual global, promoviendo relaciones más orgánicas entre las culturas, la naturaleza y la modernidad.

Author